Daniel Arturo Guerreo A.
Aquella
madrugada, justo cuando el sueño lo vencía, cerró la computadora y vio entonces
una gigantesca araña que corría por el escritorio. Ambos se miraron momentáneamente,
después él buscó con que asesinarla y ella donde esconderse. En un instante,
armado con el primer zapato que encontró, se quedó sólo en la habitación. Desde
esa noche, ninguno volvería a dormir tranquilo.
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