Daniel Arturo Guerreo A.
Al
caminar por la calle vio a un pordiosero postrado en la acera, sin pensarlo le
tiró una moneda y se siguió de largo. Tras ir al banco, la iglesia y deambular
por el centro, volvió por donde mismo y lo reencontró igual que como lo dejó.
La solitaria moneda esperaba en ese vaso de plástico. La sacó entonces y ambos
se fueron para doblar en la esquina y encontrarse con otro; la moneda volvió a caer
en el vaso y él se fue con la promesa de volver la mañana siguiente.
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